Soy Eliana Gamboa, nací en Bogotá en 1974 y soy diseñadora gráfica, profesión que me enseñó a comunicar a través de la imagen. Sin embargo, fue hace aproximadamente tres años cuando la pintura apareció en mi vida y descubrí en ella algo mucho más profundo: una nueva forma de expresarme, de mirar el mundo y, sobre todo, de encontrarme a mí misma.
A mis 52 años (edad en que escribo esto) entendí que nunca es tarde para descubrir una pasión. Y la encontre en el arte. La pintura se convirtió en una manera diferente de vivir la vida: aprendí a observar con más atención, a detenerme en los detalles, a escuchar las historias de las personas y a encontrar belleza y significado en lo cotidiano. Pintar dejó de ser simplemente una actividad artística para convertirse en una forma de comunicar aquello que muchas veces las palabras no alcanzan a decir.
Mi trabajo es principalmente figurativo y realista, y tiene en el retrato su eje fundamental. Vivo en el campo desde hace más de una década, y allí encontré una fuente permanente de inspiración en las personas que habitan las veredas y el municipio, especialmente en quienes realizan oficios y labores sencillas que, aunque fundamentales para sus comunidades, muchas veces permanecen invisibles.
Retrato personas del común porque creo que cada rostro guarda una historia que merece ser mirada y reconocida. Me interesa dignificar esas vidas, sus oficios y sus formas de habitar el mundo, llevando al arte aquello que normalmente pasa desapercibido.
Creo en un arte cercano, que pueda llegar a todos, incluso a quienes no tienen una formación artística. Quiero que mis obras provoquen una pausa, una emoción, un recuerdo o una conexión con el ser humano que está frente a nosotros.
Trabajo principalmente con acrílico, gouache y Prismacolor sobre lienzo, papel y madera. En mis retratos no busco solamente representar un rostro; busco contar algo de la persona, acompañándola de su entorno, sus objetos, su oficio y su historia.
Hoy entiendo la pintura como mi lenguaje personal. Es mi manera de comunicarme con el mundo, de reconocer a los demás y de reconocerme a mí misma. Llegó a mi vida después de muchos años de experiencias y aprendizajes, y precisamente por eso siento que hoy puedo pintar no solo con las manos, sino también con todo lo que he vivido.